miércoles, 28 de diciembre de 2016

El final

¡Felices fiestas! Escribo un 27 de diciembre, en esa semana rara que existe entre Navidad y Año Nuevo en la que la emoción por la Navidad ya pasó y todos estamos esperando que termine el año de una vez. En esta entrada, junto con el final del año 2016 también quería darle un final a este blog que me acompañó durante el maravilloso año que fue mi intercambio en Austria. Para eso, voy a hacer una lista con los momentos puntuales más inolvidables que pasé en mi año. Son aproximadamente uno por cada mes que estuve allá:


  • Cuando fui junto con Sara al picnic organizado por YFU Austria a orillas del Danubio. Hacía un calor muy fuerte pero igual la pasé muy bien. En este picnic comí hasta llenarme y charlé con un montón de gente muy copada, además de que fue mi primer día completo en Austria y la primera vez que estuve en contacto con tanta gente de tantos países distintos. Por suerte, no fue la última.



  • Cuando cené por primera vez con mi familia anfitriona. Me acuerdo que en esos días no entendía nada de las conversaciones que tenían entre ellos y me preguntaba si algún día sería capaz de entenderlas. Por suerte me hablaban en inglés. Estaba muy nervioso y lo único que quería era caerles bien, lo cual aparentemente logré, porque no amenazaron con echarme de la casa en ningún momento ;). También rescato de este mes mi primer día de clases. Los sentimientos fueron los mismos: no entiendo nada, quiero caerles bien.

  • Cuando patiné sobre hielo por primera vez. Si bien fui horrible, me sentí genial. Era una de las primeras cosas que pude tachar de mi lista mental de cosas que hacer en Austria. Debo agregar que fue en compañía de una austríaca, un húngaro y una canadiense, en un día donde también anduve con un paraguayo y un finlandés. El conocer personas de todo el mundo y hacer cosas que jamás hubiera esperado hacer en Uruguay son las dos cosas que más me gustaron de mi año, por lo que esta primera vez sobre hielo fue un momento inolvidable.




  • Cuando con una amiga de Canadá fuimos a una fiesta de Halloween pero le erramos de lugar y terminamos en un baile gay. Al llegar estaba todo normal: gente bailando disfrazada, música, etc. Luego noté que habían muchos hombres disfrazados de mujer, lo cual no me extrañó en el momento porque eso se ve en todos lados. Solo cuando vi a un hombre subir y bajar escaleras corriendo con una maestría impecable portando unos tacos de más de diez centímetros, es que noté que algo raro había. Además, el amigo con el que habíamos quedado no estaba en ningún lado. Después de preguntar un par de cosas, nos dimos cuenta que la fiesta en la que creíamos estar estaba en otro edificio a la vuelta de la esquina y que donde estábamos era, en realidad, una fiesta gay. Recuerdo lo enojado que estaba esa noche, amargo como... algo muy amargo. Pero al día siguiente ya que causaba risa pensar en eso.

Wide Eyed OMG
Mi reacción


  • Cuando vi la nieve por primera vez. Me puse botas, campera y salí de casa. No había tanta nieve pero me dio para hacer bolas y escribir mi nombre. Unas semanas más tarde me terminaría hartando de la nieve, pero en noviembre todo era lindo, blanco y mágico. 




  • Cuando me subí a una calesita en el mercado navideño de Innsbruck. Los mercados navideños en general fueron geniales, pero el de Innsbruck fue el mejor. No solo porque fue el más grande, sino porque me dio la posibilidad de hacer lo que los estudiantes de intercambio hacen mejor: pelotudeces.




  • Cuando jugué al Chancho va con mis primos el 25 de diciembre. Esa tarde conocí a mi "familia materna" de Austria y me cayeron todos muy bien. Mejor me cayeron cuando me dejaron enseñarles a jugar al popular juego de cartas cargado de violencia y adrenalina que es el Chancho va en lugar de seguir jugando su europeizada versión del juego, llamada Esel o burro en español.

  • Cuando tuve que correr por las calles de Feldkirch a la una de la mañana de un primero de enero con las calles llenas de hielo para no perder el tren a casa. Había tenido una "fiesta" de Año Nuevo en lo de una amiga que se emborrachó hasta el punto de no poderse levantar. Como ella era la encargada de mostrarme el camino a la parada de ómnibus, tuve que andar, GPS en mano corriendo para llegar a tiempo a la parada. Para peor, el ómnibus era un nocturno, por lo que mi tarjeta de transporte público no servía: debía pagar en efectivo con dinero que no tenía. Cuando me estaban a punto de bajar del ómnibus, un señor se ve que sintió lástima de mí y me pagó el boleto. Yo llamo a esto un milagro de año nuevo. 

  • Cuando estaba yendo a casa luego del baile de graduación de mi liceo. En ese baile la pasé bien como pocas veces lo había pasado. Conocí a mis amigos mucho mejor y en el tren de regreso me sentí muy bien conmigo, con el nuevo año, con mi intercambio y con todo en general. Ese optimismo momentáneo que me dio se sintió muy bien, y fue solo un preludio de lo que fue la segunda mitad de mi intercambio, y sin dudas, la mejor. 




  • Cuando me subí a un trineo por primera vez. Realmente subestimé a los trineos. Me subí en compañía de Annika y cuando empezó a aumentar la velocidad, me asusté, me tranqué y los dos salimos volando. Con un poco más de práctica logré hacerlo de manera más o menos decente y filmarlo

  • Cuando nos enseñaron a bailar Schuhplattler (un baile tradicional) durante la orientación de mitad de año. No hay nada más divertido que ver a cincuenta no-austríacos intentando aprender una danza típica austríaca. Aparte una danza que incluye saltar, golpearse los pies, talones, rodillas y chillar. Me divertí mucho haciendo el ridículo, como siempre.




  • Cuando viajamos a España con mi clase y en el trayecto en ómnibus hacia el hotel miré por la ventana todos los carteles y publicidades escritas en español. Después de tantos meses en Austria sin mucho contacto con el español, el ver letreros, señales y carteles escritos en mi lengua materna fue algo bastante raro de ver. 

  • Cuando me subí a mi última montaña rusa en el Efteling. El Efteling es un parque de diversiones en Holanda al que fui junto con mi familia en Pascuas, y en donde me subí a una montaña rusa de verdad por primera vez, pero de la que no me voy a olvidar es la última a la que me subí aquel día: La pitón. Esa fue por lejos mi montaña rusa favorita, más que nada porque a esas alturas ya me había acostumbrado a como se sentía estar en una, por lo que pude disfrutarla más. En el viaje se hacen dos vueltas de 360 grados en las cuales mantuve los ojos abiertos y fue genial poder ver el mundo dado vuelta por unos segundos.

Esta es la pitón o Python. 


  • Cuando me despertaron el día de mi cumpleaños tirándome serpentina en la cabeza. Después me levanté y cuando llegué al living me econtré con la mesa decorada y llena de regalos envueltos por ellos mismos. Después de abrir todos los regalos, desayunamos con mi postre austríaco favorito: Sachertorte. Fue un gesto muy lindo de su parte y me encantó ver como se esforzaron tanto para hacerme pasar un buen cumpleaños (con éxito).

  • Cuando vi por última vez a muchos de mis amigos de intercambio al final de la última orientación. Esa fue la última vez que los tuve (y tendré) a todos juntos en el mismo lugar, por lo que me puso triste decirles adiós. Por suerte, en YFU Austria tuvieron una idea muy tierna, que consistió en escribirnos cartitas los unos a los otros durante el fin de semana y dejarlas en sobres con nuestros nombres. En el tren de camino a Vorarlberg leí lo que me habían escrito y me sentí mejor/peor.  




  • Cuando vi a Elisa en Viena. Elisa es una amiga de Uruguay que está haciendo su intercambio con EF (traidora) y que fue a Viena a principios de junio. Junto con Sara fuimos a buscarla a la estación de trenes y pasamos un fin de semana turisteando. El momento en el que la ví fue ra-rísimo. Es como que mi cerebro no lograba combinar una cara de mi vida en Uruguay con el entorno de mi vida en Austria. Luego de hablar con ella con un rato, la sensación se fue y pasé un fin de semana muy divertido con ella y con Sara.



  • Cuando vi en Milán una estatua de Garibaldi en la que decía Montevideo. Me acuerdo que cuando lo vi quedé como “¿eh? No entendí” y hasta le saqué una foto porque no sabía cómo había llegado el nombre de una ciudad de Uruguay a una estatua en Milán. Fue muy gracioso. Después de buscar en internet un poco, descubrí que Garibaldi no sólo había luchado en Italia, sino que también vivió en Montevideo desde 1841 hasta 1848. 




  • Cuando me tuve que despedir de Karolin, una de mis amigas más cercanas que también estaba de intercambio. Ella se fue de regreso un poco antes que el resto de nosotros, así que para despedirla salimos  a bailar. Cuando el baile terminó y todos nos separamos para irnos, nos tuvimos que despedir con la incertidumbre de saber cuándo nos veríamos de nuevo. Fue la primera despedida difícil que tuve, y me sirvió de práctica para todas las demás que vinieron después.

dramatic
Últimos días de intercambio y vos tipo


  • Cuando tuve que despedirme de… todo. No sólo de mis otros amigos de intercambio, sino también de mis amigos del liceo, mi familia y mi vida en Austria. Lo peor de esto fue saber que nunca nada volvería a ser igual, pues aunque volviera, lo iba a hacer como un visitante, lo que iba a hacer todo muy diferente. Acá repito lo que ya escribí en otra entrada: Cuando uno elige hacer un intercambio, elige vivir con relaciones a distancia el resto de su vida: primero con las personas del propio país de uno, y luego del intercambio con todas las personas que significaron algo, tanto del país al que se fue como de otros. Yo siento que una parte de mí quedó en Austria, otra se fue a Estonia, otra a Suecia, otra a Canadá, otras a otros lados y una última se vino conmigo a Uruguay. Espero algún día poder juntar todas esas partes de nuevo. 





Estoy muy feliz y muy agradecido por la gran experiencia que fue haber podido vivir en otro país por un año. Aprendí, crecí y cambié mucho. De este año me llevo recuerdos, experiencias, historias y personas que no se van a ir nunca. Gracias también a ustedes por haberme leído por este tiempo :D 

Saludos, Emiliano

domingo, 18 de diciembre de 2016

La vida de nuevo en casa

Sí, nunca más escribí, lo sé. No, no me suicidé en un arranque de depresión post-intercambio. Ni siquiera tengo algo convincente que decir en mi defensa, lo fui postergando y postergando hasta que al final llegamos a diciembre (5 meses desde mi llegada) y recién ahora me aparezco por estos lares.

Pero bueno, lo que me gustaría hacer hoy aquí es hacer un rápido resumen de lo que ha sido mi vida en estos meses: el regreso al liceo, a la rutina, a la vida uruguaya en general. Había pensado en dejar el blog así, en modo hiatus, pero me quedaba el sabor feo en la boca, así que vamos.

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La readaptación no fue fácil los primeros días. Lo único que quería era volver a Austria y quedarme allá, porque acá todo me molestaba: la basura en la calle, el clima feo (llegué en invierno), los otros humanos, todo me hacía enojar. Para serles honesto, estaba un poco histérico.
Por suerte, una semana después de haber llegado a Uruguay, ya me había calmado bastante. Aún tenía ciertos reflejos, como el impulso de saludar a la gente que me cruzaba por la calle, pero con el tiempo eso se fue yendo también. 

El primero de agosto tuve que volver al liceo a terminar sexto. Esta vez lo haría con una clase nueva, pues mis amigos/compañeros de clase de toda la vida ya estaban en la facultad. De todas formas, no es que me metí en un salón lleno de gente nueva. Mi liceo es muy chico y, además de que la generación era una clase de trece alumnos incluyéndome, a la mayoría los conocía desde hacía años. Logré adaptarme bien a la clase y teminé el liceo a mediados de noviembre. Volver a estudiar después de un año sin preocuparme por mis notas, tomar apuntes o prestar atención en clase fue complicado, especialmente cuando llegaron los parciales de fin de año. Pero la idea de que eran los últimos parciales liceales de la vida me sirvieron de incentivo.

Yo con mis padres en mi ceremonia de graduación

Tuve una orientación con YFU a principios de setiembre, pensada para que reflexionáramos sobre nuestros intercambios y ver cómo habíamos cambiado en este año afuera. Estuvo bueno encontrarse con los otros uruguayos que se fueron de intercambio y ver como todos estábamos un poco diferentes pero seguíamos siendo los mismos. Además ese fin de semana nos ofrecieron hacernos voluntarios en YFU Uruguay, cosa que hice. Desde entonces los he ayudado una vez participando en la Expo Educa de Montevideo, que me encantó porque yo mismo conocí YFU en una Expo Educa. 

Ahora es verano, y mis planes a futuro son estudiar traductorado público o antropología. Sólo el destino dirá. 

Nos vemos, 

Emiliano

jueves, 7 de julio de 2016

Mes 10: Último mes completo en Austria

Bueno. En 2 días voy a estar de nuevo en Uruguay. A esta hora voy a estar en mi casa con mi familia. No voy a ir más al liceo en Feldkirch, ni a comer Kässpätzle. No sé muy bien como sentirme, pero no voy a hablar de eso en esta entrada, sino en otra. De lo que quiero escribir ahora es sobre Junio, mi último mes entero como estudiante de intercambio en Austria. El tiempo pasó no rápido, sino rapidísimo, pero estoy muy feliz por como mi intercambio ha sido hasta ahora.

Así que siéntense, abróchense los cinturones y apróntense para leer una entrada larga como la mierda pero con suficientes fotos para justificar la cantidad de texto :) con amor, eh.  

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Lo primero que hice en junio (lo primero interesante por decirlo así), fue visitar Viena durante un fin de semana. El jueves 2 compré por última vez un ticket de ida y vuelta desde Vorarlberg, y el viernes me tomé el tren de seis horas (con wifi de a ratos y sin 3G porque pasas por Alemania) hacia Viena. Allá me quedé nuevamente en casa de Sara, a quien no veía desde Octubre, por un fin de semana. Pero aparte de Sara, también me encontré con Elisa, una amiga de Uruguay que actualmente está con EF en Inglaterra de intercambio (es que yo marco tendencias) y estaba en ese momento de vacaciones. Quisimos aprovechar el hecho de que ambos estamos en Europa, donde se puede viajar de un país a otro tan fácilmente, para encontrarnos, y de paso Elisa tuvo la oportunidad de conocer Viena. Llegó el viernes ya de noche a la ciudad y fuimos a recibirla con Sara a la estación de tren.

Fue muy raro tener conmigo a una persona de Uruguay. No porque seamos del mismo país, sino porque estuve con alguien con quien compartía mi vida en Uruguay, mi "otra vida". Cuando la vi en la estación de tren mi cerebro se trancó, como si dos partes de mí se estuvieran chocando. Tenía a una parte de mi vida uruguaya parada en el medio de mi vida austríaca. Fue como si algo no estuviera del todo "bien", como si algo no encajara del todo. No sé bien como explicarlo pero fue raro. En medio de una conversación me la quedaba mirando e intentando procesar el hecho de que una cara uruguaya estuviera en Viena. Hablar con ella se sintió también fuera de lo común, porque desde agosto que no hablaba en persona con otro uruguayo, sino con latinos de otros países, y el hecho de hablar y ser 100% entendido por la otra persona (incluidos modismos raros) fue algo que había extrañado, pues si bien me mantengo en contacto con familia y amigos por Skype, no es lo mismo que tener a alguien frente a frente (en una nota aparte, debo decir que mi español se ha ido a menos).



Durante ese fin de semana nos dedicamos a turistear lo más posible. Con palo de selfies en mano (me doy asco) salimos a recorrer la ciudad. Nos juntamos con varios amigos míos de varios países: una española, un estonio, un argentino, un uruguayo (cada vez somos más) que vive en Viena con AFS, una moldava, un brasilero y otra austríaca: Nadine, la voluntaria de YFU que estuvo en Uruguay de pasante. En conjunto un grupo algo grande, aprovechamos el día y fuimos a tomar helado, paseamos, nos sacamos fotos, fuimos al shopping y por último al Wiener Prater, el parque de diversiones al que fui con Sam y Santi en octubre. Allá nos subimos a la icónica rueda gigante de Viena, que en lugar de sillas tiene cabinas (como el London Eye) desde donde se puede ver todo el panorama urbano de Viena durante unos quince minutos.


Con Eli, Sara y Lucas (de Brasil)



El domingo fuimos al Museo de Historia del Arte de Viena, uno de los mayores y más antiguos museos de este estilo en el mundo. El edificio en sí mismo es una obra de arte y los que me conocen sabrán que me encanta la historia del arte (no en profundidad, sino verla). Además, la entrada es gratis para estudiantes. Cuando vuelva a Viena voy a pasar por allá de vuelta.

Lo más divertido del fin de semana fue definitivamente la mezcla de idiomas por la que pasé: Estando solo con Sara y Elisa, hablábamos siempre en español porque Sara es bilingüe y Elisa no habla alemán. Con la española hablé también en español pero con Nadine hablé en alemán porque ella no se siente muy confiada para hablar en español. Con Sara solos a veces en alemán y a veces en español. Con el estonio hablé en inglés y a veces en alemán y con el brasilero un poco de los tres dependiendo el momento. Hubo incluso un momento durante la cena del sábado en el que en una misma conversación tuve que intercambiar entre los tres idiomas. En más de una ocasión le hablé a Elisa en alemán y ella me quedó mirando con cara de (-_-).

Ese fin de semana la pasé muy bien. Fue definitivamente una gran manera de empezar este último mes.






La que está más a la derecha es Nadine




El domingo siguiente fui al cine a ver Alicia a través del espejo, la segunda parte de Alicia en el país de las maravillas. Ya pude tachar de mi lista "ver una película totalmente el alemán en el cine y entender lo que pasa".

Otra cosa que pude tachar de mi lista fue ¡Ir a Italia! Desde hacía tiempo que tenía ganas de visitar el país, pero ya lo había dado por imposible porque a sólo un mes de irme no pensaba agarrar e irme un fin de semana para allá. Además quería usar la plata que tengo para hacer cosas en Austria.

Lo mejor de este viaje es que fue una sorpresa organizada por mi familia anfitriona. Mi hermana, Annika, vino un día y me dijo que el sábado 18 me tendría que levantar a las 4:30 de la mañana, porque íbamos a hacer algo. Cuando le pregunté qué, me respondió que era una sorpresa.
A las 5:00 estaba yo esperando en un estacionamiento junto con Annika y mi mamá anfitriona, porque mi papá anfitrión estaba enfermo y Jens trabaja los sábados. En el estacionamiento habían también otros grupos de gente que estaban esperando por algo, pero nos alejamos de ellos para que yo no pudiera oír lo que decían y así desbaratar la sorpresa. Yo no entendía nada. No se me ocurría a dónde íbamos ni por qué estábamos ahí. Después, un ómnibus de dos pisos llegó a buscarnos y tuve que ponerme auriculares y mirar para abajo para evitar ver los boletos que Annika le mostraba al chofer. No fue incluso como cuatro horas más tarde, cuando noté que los carteles a los lados de la ruta estaban en italiano y no en alemán, que me di cuenta a dónde estábamos yendo. La ciudad no la supe hasta que el chofer lo dijo: Milán.




A eso de las 10:30 de la mañana llegamos a la segunda ciudad más grande de Italia, con unos 20 grados. Teníamos tiempo hasta las cinco de la tarde para hacer lo que quisiéramos.
Como el ómnibus nos dejó al lado del Castillo Sforzesco, ahí nos dirigimos primero. Este castillo, construido en el siglo XIV, alberga hoy en día varios museos entre los que hay un museo de muebles, uno de cuadros, uno de instrumentos musicales, un egipcio y otros más. Habían incluso pinturas de Da Vinci. Muy fancy.
Frente al Castillo vimos una estatua de Garibaldi, en cuya base están escritos los nombres de un par de ciudades, entre ellas, Montevideo.



En el medio dice Montevideo, Somos famosos.


También visitamos la catedral, un edificio gigante de estilo gótico que es el emblema de la ciudad y que tomó más de 500 años en ser terminada. Hecha de mármol, es realmente espectacular vista de cerca, más que nada por todas las pequeñas torres que tiene y lo detallado de su diseño.

El último lugar turístico importante que recorrimos fue la Galería Víctor Manuel II, una galería llena de tiendas donde se puede comprar ropa... si tenés plata. En serio, habían una tienda Gucci, una Prada y un Louis Vutton una al lado de la otra. También se encuentra en la galería un hotel 7 estrellas. Sí, ni cuatro ni cinco. Siete.

El resto del día nos dedicamos a recorrer la ciudad. Annika quiso entrar a una tienda de ropa y me pidió que le sirviera de traductor entre ella y la vendedora, quien dijo no hablar inglés. Como el español y el italiano se parecen un poco, pensó que sería buena idea que le sirviera de intérprete. Para mi sorpresa, la vendedora era de Ecuador, así que pudimos hablar sin problemas.
Por el lado culinario, tomamos helado aprovechando el calor y fuimos a comer pizza, como no puede ser de otra manera en Italia. Estuvimos en una pequeña pizzería en donde me encontré con un grupo de argentinos. Los latinos estamos lentamente dominando Europa un paso a la vez.







A pesar de haber estado en Milán solo un día (seis horas más o menos), el tiempo alcanzó perfecto para todo, Pudimos visitar todas las atracciones turísticas de importancia y nos dio tiempo para pasear (y comer). Fue un sábado genial y estoy muy muy agradecido con mi familia por haberme regalado este viaje a sabiendas de que tenía tantas ganas de visitar Italia. El hecho de que me lo hayan hecho de sorpresa lo hizo aún mejor.


La semana del 21 al 26 fue realmente cansadora. Mi semana más "activa" por decirlo así. Usualmente no salgo mucho, pero ante la idea de que me regreso está tan cerca, organicé algo para hacer cada día, sin pensar en que, como todo humano, necesito dormir.

El martes 21 tuve el 7/8 Fest con mi clase. Eso es: alquilamos una cabaña en el medio del campo, nos enfiestamos hasta las 6 de la mañana, desayunamos y fuimos directo al liceo (al menos los que sobrevivimos hasta el día siguiente. Yo tuve que dormir media hora). No hace falta decir que el miércoles nadie tenía ganas de nada. En historia, el profesor puso una película sobre los japoneses o algo así y todos aprovechamos la oscuridad del salón para siestear violentamente. Hermoso. Para hacer todo más diver diver, a la tarde tuve un escrito de alemán sobre preposiciones, en el cual por suerte me fue bien (31 puntos de 38, perras) y di una presentación sobre Uruguay (reutilicé la que ya había hecho para geografía en enero).


Los supervivientes
El jueves y el viernes fueron dos días de verano en un verano que no parece un verano. Hasta el miércoles estuvo horrible, y desde el sábado estuvo de nuevo horrible. Con mi familia anfitriona aprovechamos estos dos días para hacer una parrillada e ir a nadar al Rin, que está a unos 15 minutos en bicicleta. Me gustó mucho la experiencia de poder nadar ahí. Fue muy diferente a nadar en la costa del Rio de la Plata, donde no podés ver la otra orilla. En la parte del río en donde nadamos, uno podía nadar hasta Suiza y luego volver en literalmente dos minutos. También me encantó la idea de playa que acá se maneja al ser Austria un país sin costas. Si bien la ida al Rin fue como una ida a la playa, faltó el factor arena, por lo que tuvimos que tomar el sol acostados en toallas sobre las piedras, No tan cómodo, pero la claridad del agua (en la cual me podía ver los dedos de los pies incluso cuando el agua me llegaba al pecho) compensó esto con creces.




Pero en este mes también tocó despedirse muchas veces. El mismo viernes en el que fui a nadar fui a bailar con Catarina y Karolin, dos estudiantes de intercambio, para despedir a Karolin que viajaba ese domingo ya de regreso. Aunque un poco tristes, la pasamos muy bien. El baile al que fuimos pasó música muy... variada. Desde Shakira, Rihanna y Ai se eu te pego hasta Linkin Park, Backstreet Boys y Robbie Williams.
Llegué a casa a las 5:30 de la mañana y me desperté a las 9:30 porque el jardinero se puso a cortar el pasto del fondo. ¿Dónde está mi cuarto? Sí, en el fondo.


Almuerzo-despedida para Karolin (centro)
Como ya les dije, en el liceo tengo clases de español. Mi profesora de español es alta capa (para la gente que no sea de Uruguay/Argentina, "alta capa" significa "muy genial") y quiso que hiciéramos una fiesta de piñatas porque acá no son conocidas. Hicimos tres piñatas, las llenamos de caramelos, compramos nachos, guacamole, bebidas, gomitas y golpeamos las piñatas con un bate de béisbol. Yo fui uno de los "golpeadores", pero no le pude dar ni un golpe a ninguna piñata, sino al aire y a una mesa. 0% coordinación.

También tuvimos un día de cocina española después del liceo. La mayoría de la clase, la profesora de español y la de alemán nos juntamos en las cocinas del liceo y preparamos paella, tortillas, empanadas gallegas, ensalada rusa y sangría. Cuando digo "preparamos" en realidad quiero decir "yo mezclé ingredientes mientras los demás hacían el verdadero trabajo", pero al menos pude usar mi delantal de Lederhose y comer mucho.  


Calentando la comida en el horno con mi candela latina




Recibí visitas durante mi penúltimo fin de semana en Austria: Sara vino al Ländle a pasar un fin de semana y aprovechar a conocer esta parte de Austria por primera vez. El sábado y el domingo el clima no fue nuestro amigo, Llovió y llovió y después llovió un poquito más. Por suerte, el lunes brilló el sol y pudimos salir a pasear, así que en compañía de Sam fuimos a Bregenz y a Lindau a comer y a sacar fotos. El martes nos tuvimos que decir adiós, debido a que al menos hasta diciembre no nos vamos a ver de nuevo, cuando ella vuelva a Uruguay a hacer una pasantía. Definitivamente la peor parte de estar de intercambio es el tener que decir adiós.


Esta foto la pongo en grande porque salí bien


Con una gripe que espero que me deje antes de viajar, me despido hasta dentro de unos días, cuando me gustaría escribir algo sobre como es estar en los días finales del intercambio. Veré cuando me viene la inspiración. 


Uf widderluaga mitanand!! Emiliano